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Terra
La Coctelera

creer o reventar

Ysi la gente dejara de casarse, quebraría la industria china por la bajada abrupta del consumo de arroz?
Quien maneja el trafico de arroz, un chino o un cura?
Y si el hombre llegó a la luna hace 37 años porque no puede hacerlo hoy mismo?
No sería un gran ¡show businnes! entregar un oscar desde el lado oscuro, iluminado de glamour holiwodense? El siempre hambriento capitalismo no quiere huntar el diente o es que los pioneros del ´69 han vivido una historia más verde? You are not welcome les habrán dicho esos lunátcos? Por algo han fracasado en cada uno de los posteriores intentos? O todo es mentira.
Creer o reventar decía el escuerzo mientras untaba de sal su lomo.

Locura

Se levantó y fue corriendo al baño. Una sensación vomitiva lo acompaño durante ese intenso trayecto. Eran las 4 de la mañana de un apagado otoño, aunque el frío interno y el pálido rostro lo hicieran vivir en un invierno constante.

El inodoro fue testigo de una escena decadente. Cataratas del más fino Tetrabrick, salían expulsadas como si estuvieran huyendo de una pesadilla. Su mirada, perdida y desconsolada, daba pánico.
Volvió a la cama arrojando al suelo todo elemento que se le cruzara por su camino. Se sentó en ella y repitió su ritual sagrado. La elegida para esta ocasión fue una flamante botella de Piña Colada, tan blanca como la sustancia que había inhalado tres horas antes. Tres días antes. Tres años antes.

Se sirvió un buen vaso. Era un duro rival. Sin embargo, no tuvo contemplaciones. Lo noqueó en el primero. Luego apoyó su cabeza en la almohada y comenzó la función trasnoche. Otra película de terror se proyectaba en su cerebro. Las imágenes eran un poco borrosas, pero él se las acordaba toma por toma. ¡Cómo no se las va a acordar el director!

En la primera escena se podía observar a una pareja besándose apasionadamente en los reservados de una concurrida disco. Se los veía felices, enamorados. Inmediatamente después, la cinta se cortaba unos segundos y nuevamente volvía a aparecer el mismo lugar, la misma actriz, pero había un detalle: un nuevo actor. ¡Corten, corten! -gritaba el director, casi rogando.
Los actores sin escuchar seguían concentrados en sus papeles.
La última escena era tan rápida como sangrienta. Cincuenta y seis puñaladas terminaban con el film. Con su novia, también.

Modelo 06

Tu miedo no se llama hambre.
Vives hablando de comida.

Tu miedo no se llama desocupación.
Vives pensando en el trabajo.

Tu miedo tiene nombre.

Se llama libertad.

Hurto Intelectual

Algo estaba pasando con su creatividad. Sus ideas habían decretado un paro general por tiempo indeterminado. La hoja blanca se negaba a cambiar de color. Se lo notaba tenso, confundido, preocupado. Una sensación de impotencia lo carcomía con la misma velocidad de un cardumen de hambrientas pirañas. No hay peor castigo para un creativo que su musa inspiradora le pida el divorcio.
El café de Honduras y Serrano, testigo matinal de verdaderas obras de arte, espectador privilegiado de gloriosas creaciones, se teñía de luto. El niño mimado de la agencia estaba por recibir su segunda amarilla. Ahora o nunca, tenía que revertir su frustrante situación. ¿Pero cómo hacerlo? ¿Cómo programar un cerebro que no quería producir? ¿Cómo dominar a la más rebelde abstracción?
Decidió, entonces, seguir otro camino. El más fácil. El más vergonzoso. Un atajo al corazón de la hipocrecía. Un cobarde ataque a la dignidad de su ser: la mentira.
Planeó el crimen con mucho cuidado. Aunque no contaba con demasiado tiempo, no quería correr riesgos.
La agencia había ganado una importante cuenta, la número uno en el mundo de las gaseosas. Su plan era simple y eficaz. El primer paso consistía en entrevistar a la mayor cantidad de futuros redactores. Fuerza joven más lúcidas ideas serían la combinación ideal. A cada uno de ellos le encomendaría el desafio de crear algo novedoso. Unico. La mejor campaña de gaseosas de la historia. El incentivo, la recompensa, sería irrechazable: un trainning en una de las más reconocidas agencias del país. ¡Cómo negarse!
Sus víctimas trabajaron duro durante las 72 horas del plazo estipulado. Muchos de ellos llegaban a entregarlo con rostros pálidos y ojeras pronunciadas, que denotaban las pocas horas de descanso. Sin embargo, una mueca de ilusión, se paseaba por sus marcados pómulos.
Se internó en su casa dos días inventando un fuerte resfrío. Era un verano que haría sudar al mismísimo Satanás. No creaba ni para mentir.
Seleccionó tres piezas sensacionales y las presentó como propias a su Director Creativo.
La aceptación fue inmediata. El siempre postergado ascenso, también.
Volvió a su casa cerca de las nueve de la noche. Una sensación extraña lo envolvía. No sabía si destapar un Champagne o largar un llanto eterno. Meditó un segundo y llegó a la conclusión de que no había querido mentir. Pero lo hizo. La desesperación domina a los débiles.

Ganó un Clio, pero esa mentira le hizo perder su orgullo.
Un empate con sabor a derrota.

Feelings

Estoy sentado acá, en un viejo bar perdido en el pintoresco paisaje de Palermo. Me siento extraño, raro, algo confundido. Quisiera comprender porqué me siento así, pero las preguntas chocan contra la muralla diaria de la rutina. Del diskette programado. De lo cotidiano. De bajar la cabeza y no pensar, aunque haya algo perforándome el cerebro como una bala perdida que no puede escapar.¿Qué tengo ganas de hacer con mi vida? ¿Por qué las cosas no terminan de llenarme? ¿Quiero vivir el resto de mis días en este lugar del mundo? Serán estas simples pero abarcadoras preguntas nada más o habrá algo más profundo manejándome.
¿Cuál es la fórmula para ser feliz? Siempre pensé que yo la tenía, pero la realidad me demuestra lo contrario. Dentro de mí, dos personas se golpean hasta que alguna caiga noqueada. Y lo peor de todo es que no se quién quiero que gane. Porque no se cuál de esos dos gladiadores es la felicidad. Tengo todo para ganar, para triunfar, y a veces siento que nada poseo. Trato de sacarle jugo al presente, pero me nutro de un hermoso pasado y un expectante futuro. No piso fuerte. No camino firme. Me trabo. Me resbalo. Doy pequeños y temerosos pasos. No me identifico conmigo mismo. Con la gente, con la ciudad, con estos días. Pero detrás de tanta oscuridad hay una luz que me ilumina y me da fuerzas. Si me auto-psicoanalizo y me hago preguntas, es porque soy consciente de que algo me está molestando. Y se puede mejorar. Sé que en el momento elegido, en algún instante iluminado, voy a correr hacia el lugar donde quiero llegar, sin importarme que carajo pasa con el resto del mundo. Voy a seguir mi pulso, mi corazón, y seré feliz. A pleno. Me lo prometí a mi mismo hace mucho tiempo atrás.

Mentes Vengadoras

Alejandro: -¿Qué es lo que querés hacer?

Bruno: -No lo de siempre.

Alejandro: -¿Por qué?

Bruno: -Por el cansancio. No el físico. Vos me entendés ¿no?

Alejandro: -Sí, te entiendo. ¿Pero entonces?

Bruno: -Entonces serví otro whisky y empecemos.

Alejandro: -¿Estás seguro?

Bruno: -Sí. Bien cargado.

Alejandro: -¡No! Seguro de lo otro.

Bruno: -Ah, lo otro. Creo que es tiempo.

Alejandro: -Bueno... repasemos el plan.

Bruno: -¿El plan? ¿Qué plan? Te dije que estoy cansado de lo de siempre.

Alejandro: -¿Y cómo lo pensás hacer?

Bruno: -Quiero sorpresas. Quiero sorprenderlas.

Alejandro: -Como ellas hicieron con nosotros.

Bruno: -Sí. Dame más whisky.

Alejandro: -¡Por qué no parás la mano!

Bruno: -Porque ese es el problema, que todo está parado.

Alejandro: -¡Cómo tu cabeza! Así no avanzamos.

Bruno: - Ahí te equivocás. Mi cabeza no para, al contrario, piensa y piensa. Por eso no se lleva bien con el tiempo. Porque mi cabeza va rápido, y el tiempo, el tiempo está parado. Quizás el whisky sea un buen nexo entre el tiempo y mi cabeza.

Alejandro: -¿Terminaste?

Bruno: -Si, perdoname. El invierno me pone así.

Alejandro: -A mi me parece que ella te pone así.

Bruno: -Ella y el frío son una mala combinación.

Alejandro: -¿Por qué lo habrán hecho?

Bruno: -Porque las mujeres son como los perros. Les das de comer, te mueven la cola, caminan a tu lado, pero cuando están en celo, ahí todo vale. Todo.

Alejandro: -¿Hasta lo que nos pasó a nosotros?

Bruno: -No hace falta que te conteste. La imagen de sus cuerpos es la triste respuesta. Y no puedo borrarla. Ya pasó un mes y sigo pensando en eso.¿A vos te pasa lo mismo?

Alejandro: -¿Lo mismo? Para mí todo se acabó. El sentimiento de odio está sepultando al amor. Ya nada más me importa. Solo la venganza puede darme un poco de respiro y una tenue felicidad. Y ahora es el momento.

Bruno: -¡Eso! sepultar. ¡Sepultarlas!

Alejandro: -Como a esta botella de whisky.

Bruno: -Sí, como a esta estúpida botella. Liquidémosla y partamos.

Alejandro: -¿Y si nos olvidamos de todo, nos mamamos bien y vamos a putanear por ahí?

Bruno: -¿Y mañana qué? Otro whisky, otro plan. Te dije que ya estoy cansado de lo mismo.

Alejandro: -Tenés razón. Vamos.

Bruno: -Traé las llaves del auto.

Alejandro: -Las tengo encima. ¡A mover!

Bruno: -Yo manejo. ¿Estarán ahí?

Alejandro: -No sé. Arrancá y en el camino vemos.

Bruno: -Bueno, quiero terminar con esto.¿Tenés un plan?

Alejandro: -¿No era que no querías planes?

Bruno: -Ya no sé ni lo que quiero.

Alejandro: -¡Bueno, basta! Vamos a buscarlas de una vez. ¡Cuidado con ese camión, boludo!

Bruno: -Tranquilo. Sé muy bien lo que estoy haciendo.

Alejandro: -Llegamos, subimos las escaleras, las pescamos justo y...

Bruno: -¡Las atamos! Una a la otra. Las sacamos de ahí, las llevamos al callejón y las freímos como a dos trozos de carne.

Alejandro: -¡Sí ! ¡Qué sufran, qué se quemen y se pudran, malditas putas!

Bruno: - O mejor podemos cortarlas en pedacitos...

Alejandro: -Y dejar sus corazones sobre la cama.

Bruno: -¡Sí! En el mismo escenario donde las encontramos.

Alejandro: -¿Habrán cambiado la cerradura?

Bruno: -¡No me importa! Les tiramos la puerta abajo. Quizás ya están en la cama. ¡Arranquémosles los pezones con una pinza!

Alejandro: -¡Sí, luego de violarlas! De hacerlo por una vez de manera salvaje. Pegándoles, cortándoles los pelos...

Bruno: -Uno por uno. ¡Sí, sí, sí! Me imagino sus caras de dolor.

Alejandro: -Doblá a la derecha. Ya casi llegamos. Mi cuerpo vibra...

Bruno: -¡Cómo este coche de mierda!

Alejandro: -Estacioná ahí.

Bruno: -La cerradura de abajo es la misma, pero igual tiremos la puerta. ¡A la mierda con todo!

Alejandro: -Muy bien, ahí vamos. Uno, dos... ¡Tres!

Bruno: -¡Aaaaahhhh! ¡Tomen perras!

Alejandro: -Corramos al primero"C" por las escaleras. ¡Rápido!

Bruno: -Llegamos. ¡A la mierda con esta puerta también!

Alejandro: -¡Aaaaahhhh! Está muy dura! Ayudame.

Bruno: -Uno, dos, tres.¡Aaaaaaaahhh!

Alejandro: -¡Dónde están, cobardes putas!

Bruno: -Buscá en el baño, yo voy a la cocina.

Alejandro: -¡No están! ¡Se fueron, se fueron!

Bruno: -Prendámosle fuego a la cocina. ¡Hijas de putas!

Alejandro: -Ahí va el fósforo. ¡Corramos!

Bruno: -¡Ja,Ja,Ja!

Alejandro: -¡Uah ja ja!

Bruno: -Traé las llaves del auto.

Alejandro: -Las tengo encima. ¡A mover!

Bruno: -Yo manejo.¿Estarán ahí?

Alejandro: -No sé. Abrí otra botella y vemos.

Bruno: -Está bien. Creo que el whisky es un buen nexo entre la velocidad de mi cabeza y el tiempo que está parado.

Alejandro: -¿Y si nos olvidamos de todo, nos mamamos bien y vamos a putanear por ahí?

Bruno: -Está bien. Mañana, otro whisky, otra fantasía. ¡Malditas lesbianas!

Güiris

Los guiris son como niños grandes - decía un amigo al que le gusta profundizar demasiado sobre temas banales.
Se divierten a la par de sus hijos, construyendo grandes castillos
de arena, revolcando sus enormes humanidades en el agua o peloteando sin parar. Son hiperactivos, no paran de consumir. Beben, comen, vuelven a beber y a comer. Se toman el trencito turístico, luego otra cerveza. Vuelven a la playa. Otra cerveza. Se huntan en factores 456 pero terminan color camarón. Vuelta de la playa, una heineken. Una ducha, una budweiser. 7 de la tarde, hora de salir a cenar. Enfundados en sus mejores ropas, una gama de colores y diseños que sonrojarían a Versace, caminan por la avenida principal en busca del mejor show. No comen con el estómago, lo hacen por la vista. No importa si el bistec está más duro que sus adidas flúo mientras algún mediocre y meloso cantante de covers "seventies" anime el lugar. Pueden beber petróleo pero sólo si viene servido con estrellitas multicolor. Van a un restaurant chino y piden cualquier cosa, pero que divertido es comer con palitos! Nada les importa, nada los disturba. El mundo sigue rodando al igual que sus panzas.
Finalmente, al cabo de dos semanas volverán a sus pueblos del norte, a sus trabajos de poco compromiso, a sus "sistemas asistemados"
con la esperanza de que los próximos 350 días del año,
pasen volando.
Para volver a tener su recreo.
Para volver a ser niños grandes.

Fuerteventura, 21/07/2002

El jorobado de Notre Dame (Versión "free")

Hace muchos años, un chico de noble corazón, fue abandonado por sus padres. Según éstos, la causa del cruel despojo fue su notable fealdad. Decían que habían parido al ser más espantoso de la tierra y que no eran capaces de sobrellevar esa inmensa culpa por el resto de sus vidas.
Su descripción dejaría sin aliento al mismísimo Frankestein. Era un mounstruo de pies a cabeza. De Norte a Sur. Pero si había algo que lo destacaba era esa gigantesca y desproporcionada joroba, elemento principal del rechazo que masivamente generaba.
Fue criado por dos ancianos ciegos que le dieron una buena educación y le enseñaron a valorar las cosas simples. Sin embargo, tener que convivir las 24 hs del día consigo mismo, eclipsaba cualquier síntoma de felicidad.
Sus días eran una invitación al vacío, al desarraigo constante. Se levantaba a las seis y media. Desayunaba en silencio contemplando, casi hipnotizado, la blanca taza de té. Sabía que este frágil y simple elemento nunca podría decirle cuán feo era. Luego cruzaba todo el comedor, esquivando sutilmente los 2 espejos decorados que allí reposaban. Una vez en el baño, se cepillaba los dientes durante diez minutos y partía a enfrentar una nueva batalla.
Era el primero en llegar al colegio. De esta forma, sólo recibiría insultos y sádicas bromas al retirarse. Sus compañeros eran una producción en cadena de Judas. La palabra más utilizada para dañar a su víctima era "jorobate". El, sóla atinaba a bajar la cabeza, como un boxeador que baja la guardia y espera el golpe final de su oponente.
De regreso a su casa, paraba siempre en el mismo puesto de diarios, donde compraba gran cantidad de "comics". Era un fanático lector de este tipo de revistas. Se las devoraba, mientras soñaba con ser Superman o el Capitán América tan sólo unos minutos.
El lugar donde vivía, como todo pueblo chico, era un infierno grande. El murmullo constante, el cholulismo agresivo, apuntaban siempre sobre el mismo blanco. Sus padres adoptivos intentaban contenerlo, pero esta tarea se hacía cada vez más dificultosa.
Una fría mañana de Junio decidió no levantarse de la cama, no contemplar la blanca taza de té ni tampoco cepillar sus dientes durante 10 minutos. Sólo pensar. Pensar en su sufrimiento. En cómo acabar con él.
Varias veces había querido poner fin a su vida luchando contra la inseguridad, pero esa mañana todo parecía distinto. Su rostro reflejaba la palidez de alguien que está por tomar una drástica decisión. Su mirada perdida pronosticaba chaparrones y tormentas eléctricas. No podía ser una muerte más. Su suicidio tenía que castigar a todos esos miserables individuos que lo habían crucificado.
Se imaginó a la directora del colegio llevando un gran paquete blanco con moño rojo. Entrando al aula, una ansiedad desbordante en el momento previo a la apertura y una sorpresa escalofriante unos segundos después. Una joroba, tan fría como sangrante duerme, mientras el ambiente es bombardeado por olores putrefactos.
-¡No tengo valor para hacerlo!-se dijo a sí mismo, levantándose furiosamente.
Decidió, entonces, caminar hasta encontrar el lugar acorde para darle forma a su desaparición.
Dio varias vueltas por el pueblo sin encontrar a su verdugo. -Quizás una navaja en el vientre hubiera simplificado las cosas-refleccionó.
Pero algo lo arrastraba a seguir buscando.
El día cerraba sus cortinas. Sus cansados pies se arrastraban como soldados en pleno combate. Su mente era un rodeo de neuronas. La tensa espera lo estaba enloqueciendo.
Ya iba a pegar la vuelta, cuando una manifestación de potentes luces atrapó su mirada.-¡Ese es el lugar, ésa es mi solución!-gritó descargando toda su ira. A lo lejos, un cartel presentaba la siguiente leyenda: " Bienvenidos al circo Notre Dame. " Unos pocos minutos bastaron para planificarlo todo. Primero conseguiría algún tipo de trabajo, algo bastante accesible para su deforme figura. Una vez adentro, convencería al dueño, a fuerza de coraje y valentía, para poder realizar el arriesgado acto del trapecio. El final sería la parte más sencilla: dejarse caer.
Pasó tan solo una semana y ya era partenaire de los payasos. Nada había cambiado si no fuese por un pequeño detalle: las burlas y las risas eran pagan.
Constantemente recibía noticias de su familia, rogándole un pronto retorno al hogar. El cerraba su corazón con la mira fija en una sola cosa: volar hasta desaparecer.
La primavera lo encontró como una de las máximas atracciones. Desde los altoparlantes se anunciaba: " Vea al Jorobado de Notre Dame y corra feliz a comprarse un espejo." No tenía un número definido, simplemente aparecía en cualquier tramo del show, cargando su enorme joroba e improvisando las distintas situaciones a las que era expuesto. En sus ratos libres, practicaba largas horas en el trapecio. La sensación de estar solo en las alturas, lejos del mundo discriminador, volando de un extremo al otro y sintiendo la cálida brisa sobre su rostro, comenzaba a entusiasmarlo. Estaba convencido que la oportunidad llegaría.
Faltaban dos días para que la carpa se desmantelara, cuando escuchó las mágicas palabras de boca del domador:-Esta noche el trapecio es tuyo, suerte. Contuvo la alegría y salió corriendo hasta su camarín. Entró y comenzó a reirse como nunca antes lo había hecho. Era su triunfo, su felicidad, y no quería compartirla con nadie. ¿Por qué hacerlo? Había costado mucho esfuerzo.
Esperó impacientemente su última función. Cinco minutos antes del comienzo el lugar estaba colmado. Su acto era el segundo, después del desfile de elefantes. Fuertes escalofríos empezaban a escarbar su estómago. Las gotas de transpiración caían como cataratas. Era la hora, su hora.
El presentador comenzó su discurso, mientras él subía a paso lento la interminable escalera. En el trayecto recordó varías imágenes de su vida. Fue su íntima despedida. Con mucho esfuerzo llegó a lo más alto. La gente, esa misma gente que lo había rechazado y luego adoptado como un siniestro bufón, comenzó a rendirle un prolongado y respetuoso aplauso. Nada de risas. Nada de burlas. Sólo aplausos.
Respiró profundo, intentando tranquilizar sus temblorosas piernas. Volvió a respirar, y saltó al vacío. Una vez en el aire, decidió cambiar su suerte conmovido por la respuesta del público. Fue demasiado tarde. El manotazo desesperado no encontró sostén. Sin embargo, mientras caía y se aproximaba a su final, pudo esbozar una sonrisa. Lo había logrado.